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«El cambio es la actual constante»

Daniel Castro
Por: Daniel Castro

¡La sociedad ha cambiado! Esta frase es y será cierta a lo largo de toda la historia de la humanidad; sin embargo, en las últimas décadas esto ocurre a un ritmo vertiginoso, y cada vez se da a una mayor velocidad. Esto obliga a una constante necesidad de adaptación, ya que los cambios en los patrones de comportamiento de las personas varían con una velocidad tal, que en el momento en que nos estamos acostumbrando a algo, ya está disponible una nueva y mejorada versión, o bien, una propuesta disruptiva que propone una forma completamente diferente de hacer las cosas.


Las películas “viejas” de ciencia ficción, que algunos veíamos hace unas décadas, son, hoy, nuestra realidad (o está pronto de serlo). Lo que veíamos con asombro salir de la imaginación de escritores y cineastas, es hoy parte de la vida cotidiana.


Pensar en girarle instrucciones a una computadora oralmente era absolutamente futurista; hoy lo vivimos como lo más ordinario gracias a teléfonos inteligentes o asistentes virtuales. La necesidad de mapas para trasladarnos es cosa del pasado, y basta con indicar adonde queremos ir, y nuestros dispositivos no solo nos dan la dirección, sino que, además, nos dan a escoger la ruta más rápida (que algunos optamos por ignorar en un acto más de rebeldía que otra cosa) o la más ecológica; incluso, varía dependiendo de si vamos a pie o en carro.


Nos relacionamos virtualmente (posiblemente, estimado lector, aunque no tengamos el gusto de conocernos, usted está teniendo acceso a estas líneas mediante una red social), y cada vez más dividimos nuestro tiempo entre el mundo real y el digital.


Los algoritmos de Inteligencia Artificial logran suponer nuestras preferencias de compras, y nos hacen sugerencias que, las más de las veces, son bastante atinadas, y por suerte, ya no tenemos que esperar toda una semana para ver el próximo capítulo de la serie que nos tiene “atrapados”. Con todo esto, lo que quiero poner de manifiesto es que nuestra vida ha integrado las soluciones digitales o tecnológicas a nuestra cotidianeidad, con una nota particular: buscamos satisfacer nuestras necesidades, sean estas lúdicas o más existenciales, de la forma más simple y rápida posible.


Las instituciones y los comercios no escapan a esta tendencia. Han modificado sus procesos de manufactura, de venta o la forma en que prestan sus servicios, mediante la incorporación paulatina (o súbita) de la tecnología. Los bancos no son la excepción, y esto inmediatamente hace que surja la interrogante de cuál será el futuro en la banca.


Es difícil ofrecer una respuesta a esta pregunta, pero ciertamente, hoy podemos ver algunas tendencias que vale la pena esbozar. Lo primero es que, si bien la actividad principal de los bancos no ha variado, la forma mediante la cual se relacionan con sus clientes sí lo ha hecho, ya que, en la actualidad, estos cuentan con una gran cantidad de transacciones y gestiones que pueden ser realizadas desde los dispositivos móviles o desde un computador.


Al mismo tiempo, la incursión de la banca en el mundo digital ha permitido agilizar el comercio. La cantidad de opciones distintas al efectivo para realizar los pagos, y la integración de estos en las plataformas de los clientes, ha hecho que adquirir bienes y servicios sea cada vez más fácil y ágil. El uso de herramientas como SINPE Móvil, o de las transferencias interbancarias en tiempo real, desde los canales digitales de los bancos, otorga una flexibilidad en el comercio que hasta hace poco no era conocida.


El uso de factores biométricos para garantizar la seguridad del acceso a las cuentas de los clientes es algo que se está desarrollando en la actualidad, y que en algún momento se podrá poner a disposición de los clientes, para que cada vez nos podamos sentir más seguros en este mundo virtual, que nos obliga a mantenernos alertas para no ser víctimas de fraudes.


En los años venideros veremos muchos cambios más, explotando los desarrollos tecnológicos; todo esto para que, además de seguir manteniendo protegidos los depósitos del público, los clientes puedan aprovechar otro activo igual de importante: disponer de mayor tiempo para destinarlo a otras actividades.


¡La sociedad ha cambiado, y con ella, la relación que ofrecen los bancos a sus clientes!